El misterio que guardan los sótanos de
Lima
La
alegría y la devoción de los fieles contrastan con el olor fúnebre de aquellas
paredes antiguas y carcomidas por la humedad del agreste clima limeño, donde
coquetean la vida y la muerte. Aquel umbral que guarda un sinfín de aventuras,
penas y glorias de más de 25000 mil miembros de cofradías y hermandades de la
iglesia San Francisco. La cual cobró fama mundial con el nombre de “catacumbas”,
por la similitud con las criptas halladas en Roma. Es ahora uno de los mejores atractivos turísticos de la capital
peruana.
La
plazuela San Francisco es el lugar favorito para ver a diario, volar de forma
elegante y coordinada, una copiosa cantidad de palomas que adornan y embellecen
este lugar. Al lado se encuentra la Basílica y el Convento San Francisco, maravillosa
estructura estilo barroco, construido en la época colonial, que abre paso a las
majestuosas bóvedas subterráneas, que albergan los restos de quienes
durante el esplendor virreinal fueron ilustres religiosos, grandes damas y
personas del pueblo.
Es
el primer cementerio de Lima. El cual tiene cúpulas sepulcrales, las que se
encuentran bajo las naves laterales de la Iglesia. Fue utilizado hasta
mediados del siglo XIX. En su construcción, según investigaciones, fueron
empleados ladrillos y calicanto (argamasa de cal, arena y clara de huevos
de aves guaneras).
Para
ingresar a este lugar es necesario hacer un amplio recorrido en donde nuestra
fiel compañera es la fatiga y el palpitar de un corazón lleno
de angustia, deseoso por descubrir el misterio que guardan las catacumbas con
personas enterradas. Entre cráneos, fémures y tibias se compone este complejo
recinto de más de 500 años de antigüedad. Enterrados uno sobre otros, cual
aterradora película sobre muertos y espíritus.
La
poca iluminación y las formas geométricas
perfectamente talladas de la catedral Franciscana, cual obra maestra de
un ser sobrenatural, nos advertía que el recorrido hacia las catacumbas se
tornaría macabro y tenebroso. Una estatua arrodillada ante la virgen es inicio de
la temeridad, el nerviosismo y la aventura inolvidable de todos los asistentes
entre extranjeros y peruanos.
Bajo
la imagen de Luis Castilla, protector
de la orden de los franciscanos, se encontraban
enterrados sus restos, casi intactos, junto a su familia. Su cabello aún
mantenía firmeza y color a pesar de los años, los dientes de color plomizo y el esqueleto intacto avizoraban la clemencia
del tiempo. El ataúd negro y las flores mortuorias le daban un ambiente tétrico
a la habitación.


