Los misterios gozosos y dolorosos del 301
Un extraño
contraste ofreció a la historia policíaca de este! país el caso del apartamento
301. Era éste un "estadero" situado dentro de un edificio del
elegante barrio bogotano "Antiguo Country". Lo tomó en alquiler un
negociante venezolano que por razón de sus actividades venía muy frecuentemente
a Bogotá, donde tenía muchos amigos y "amigas". y la pasaba muy bien.
Para el venezolano el apartamento de la distinguida zona no tenía finalidades
residenciales. El viajero llegaba a uno de los mejores hoteles, y su refugio
del Country solamente lo aprovechaba para sus esparcimientos privados.
Necesario es decir que el forastero compartía el alquiler con un amigo
colombiano. Como siempre ocurre en estas compañías, las llaves se multiplicaron
y fueron a dar a diversas manos.
Esta crónica presenta curiosidad, emociones y conflicto
El crimen del prebendado
Por extraño que
parezca, al canónigo Armendáriz no lo designaban por apodo alguno. Más extraño
aún si se tiene en cuenta que fue contemporáneo del canónigo don Manuel de
Andrade, a quien merecida o inmerecidamente, pero muy a sabiendas suyas,
llamaban "El Buey", y no es que Armendáriz fuera más acreedor a
respeto que su compañero de Capítulo Catedral. Por el contrario, "El
Buey" Andrade aventajaba al prebendado Armendáriz en riqueza, de la cual
dio muestras al costear más de la mitad de la obra del acueducto de San
Victorino.
Esta crónica presenta curiosidad y es real según cuenta el autor
Coronel, a prisión perpetua
Bajo la grave acusación de haber vendido secretos militares a un país tradicionalmente enemistoso, fue expulsado del ejército ecuatoriano el teniente coronel Alejandro Agurto A., y además el consejo de guerra que lo juzgó lo condenó nada menos que a prisión perpetua. Noticias semejantes no se producen frecuentemente en el mundo entero, pero a pesar de que el acontecimiento tuvo lugar en tan cercana vecindad nuestra, la noticia apareció en los periódicos colombianos con título a una columna, y el texto no mayor de diez o doce renglones. Como detrás de esto podría existir una interesante historia, el director de Sucesos le pidió a su amigo Carlos Restrepo Piedrahíta, director de un diario quiteño, algunos datos que permitieran ampliar esta información: tan fuera de serie. Carlos Restrepo, con su habitual sentido de la solidaridad profesional, respondió con abundantes recortes de prensa y con fotografías de las principales escenas de proceso. Nunca le estaré suficientemente agradecido, porque gracias a este envío pude darle a conocer al país los detalles del insólito acontecimiento.
En esta crónica la siguiente entrada presenta curiosidad, es real, emociones, conflicto y puede ser de interés humano.